En el Gobierno nacional hay una necesidad extrema de recuperar la iniciativa política. Y la principal estrategia está en las estadísticas. Cristina Kirchner las usa para fortalecer su discurso y contestar a los que fustigan su gestión. Todos están ya de campaña y, como dice el dicho, el que pega primero... Sin embargo, ese discurso no ha podido incorporar la inflación, el fantasma del Gobierno, esa a la que se combate con el silencio y con el dibujo estadístico.

La baja en el desempleo y en la pobreza son sus dos caballitos de batalla. Pero a la sociedad le cuesta creer que la desocupación sea inferior a los dos dígitos, mucho menos un 5,5% como adelantó el gobernador José Alperovich, estrictamente alineado con la Casa Rosada. También que los pobres en la Argentina representen el 13,2% de la población urbana y que en Tucumán sea tan sólo del 15,6%. Sin embargo, esos datos sólo le dieron membresía a Cristina y a Alperovich para ingresar en el club de las buenas noticias, esas que se necesitan para captar adeptos y ganar las elecciones de 2011.